Historias de rescate: Valentino & Pippa

 

¡Queridos amigos amantes de los animales! hoy es día de historias de rescate, esas que tanto nos alegran la vida y nos producen un gran calorcito en el corazón.

Esta semana Millie Olave y Dani Cisterna fueron las elegidas para contarnos su historias de amor y casualidad. La primera, nos relata la curiosa manera en que Valentino (un minino bebé) llegó a su vida; y la segunda, nos enseña que adoptar un perrito mayor puede ser la mejor decisión a la hora de buscar un compañero de vida.


 

Valentino, el gato-perro.

 

En diciembre del año 2011, luego de pasar 10 maravillosos años juntos, mi gatito Agustín falleció. Esta situación me destrozó el corazón y me llevó a pensar en no tener nunca más gatitos, pero al parecer la vida me tenía preparada otra cosa.

Pasó un largo tiempo, hasta que en el verano del 2015 recibí un llamado que cambiaría mis planes. Una amiga me contó, que en el paseo diario que daba con su perrito a la plaza, había encontrado un gatito. Mi amiga se sorprendió al ver a su mascota trayendo un gatito dentro del hocico, y sobre todo porque el gatito no estaba siendo herido, sino que todo lo contrario, el perrito de mi amiga lo estaba cuidando, tratándolo como si fuera de él.

Al ver esta escena, mi amiga comenzó a revisar los alrededores de la plaza para saber si su perrito había robado a este pequeño felino o si solo lo había encontrado abandonado, pensando incluso que tal vez podrían haber más gatitos alrededor de la plaza. Tras cerciorarse mi amiga que no habían más mininos en el lugar, se devolvió a su casa junto a su perrito y la pequeña criatura maullando, pese a que sabía que no podía quedárselo porque ya tenía dos gatos y dos perros.

Luego de que ella me contó todo lo sucedido, yo intenté que adoptaran a ese gatito. Le comenté a mis otras amigas para que se motivaran, pero nadie se decidía, así que dije “me lo quedaré yo”. Con miedo e inseguridad, lo adopté. En ese momento yo estaba justo de vacaciones y me lo irían a dejar a la casa el día 15 de febrero, hecho por el cual finalmente terminé llamándolo “Valentino”.

Cuando Valentino llegó a mi casa, recuerdo que lo llevé de inmediato al veterinario y ahí me confirmaron que tenía aproximadamente 6 semanas de vida y que debía tomar leche en mamadera. Desde ese día han pasado ya 3 años, Valentino ahora está esterilizado y el veterinario incluso viene a verlo a domicilio.

 

Ahora, solo puedo decir que lo amo y que agradezco que llegara a mi vida, incluso cuando me había prometido no tener más animales. Él es precioso, bueno y feliz. Siempre digo que es un “gatito dálmata”, porque anecdóticamente no ronronea, muerde en lugar de rasguñar y además, igual que si fuera un perro, toma una mantita y se enrolla en ella para dormir.

Es mi gato-perro.

Por Millie Olave.

Instagram: @myriamolave

 

 

 

La princesa Pippa

 

Durante junio del año pasado (2017), en pleno invierno, navegando en internet divisé en facebook la foto de un perrito. Al leer la publicación me di cuenta que era una perrita, pues la habían encontrado en una caja de cartón junto a sus cachorros recién nacidos. El objetivo de la difusión era encontrarle un hogar lo más pronto posible, puesto que ya se venían las lluvias.

El sector en el que se encontraba la perrita era muy peligroso, de hecho, cuando hicieron la publicación se informaba que uno de los perritos de la camada había desaparecido a causa del maltrato y salvajismo de gente sin juicio, afectada por las drogas, lo que por supuesto yo consideré terrible.

La rescatista de la publicación tomó a la perrita y a sus cachorros y se los llevó a su casa para ser hogar temporal y luego darlos en adopción. Gracias a esa acción yo pude conocer el caso y una semana después me comuniqué con la rescatista para adoptar. Ustedes tal vez pensarían en adoptar uno de los cachorros, pero yo decidí adoptar a la mamá ¿por qué a la mamá?, se preguntarán, bueno, la respuesta es simple, siempre es más difícil dar en adopción a un perro adulto.

Yo soy de Viña del Mar, pero actualmente vivo en Santiago, y desde siempre rescaté perritos, pero desde que me fui todas mis mascotas rescatas se quedaron con mi mamá y yo acá en Santiago, viviendo en departamenteo, los echaba mucho de menos.

A raíz de este vacío, fui a conocer a la perrita de la publicación, y al verla me enamoré inmediatamente. Ella tenía por nombre “Princesa”, pero yo se lo cambié y le puse “Pippa”. Prudentemente, esperé que todos sus cachorros tuvieran la edad suficiente para poder ser dados en adopción y luego me la traje hasta mi casa. Por fortuna todos sus cachorros fueron adoptados en excelentes hogares, y luego de eso, mamá Pippa fue esterilizada.

El problema fue que Pippa estaba muy traumada por las malas experiencias que la calle le entregó, razón por la que era muy tímida, no ladraba y le temía a todos los perros, pero hoy, con todo el amor del mundo, Pippa está rehabilitada.

Ahora es una perrita demasiado loca, amorosa y con mucha energía. Adora jugar con sus perros vecinos y todos los amigos que se hace en el parque.

Esa es la historia de mi  amada Pippa.

 

 

Por Dani Cisterna.

Instagram: @i_pippa

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